Un Amigo-Guía…

marzo 31, 2019

El facilitador de los contenidos en el Museo es un joven estudiante de los últimos años de bachillerato y los primeros de la Universidad; las experiencias que vive en el Museo de los Niños son únicas, por eso queremos compartir el relato de uno de nuestros Amigos Guía.

Hola, me llamo Sebastián Rondón, pronto cumpliré 18 y llevo toda mi vida viviendo en Parque Central, Caracas. Justo al lado de mi edificio queda el Museo de los Niños de Caracas, al cual he ido incontables veces. Tuve dos fiestas de cumpleaños (tal vez tres), y asistí en tres ocasiones al plan vacacional del Museo: Vacaciones Divertidas. Lo conozco desde que era un niño, de arriba abajo, pero nunca me canso de ir de vez en cuando. Cuando tenía 15 años, mi mamá me presionaba para ir a trabajar al museo, no tenía mucho interés y en ese momento era a partir de los 16 años. En el 2017 mi papá me llevó por fin para ser AMIGO-GUÍA. Y tras dos semanas de entrenamiento, un 27 de julio (o eso creo, no estoy seguro) comencé a realizar mi pasantía. Mi área siempre ha sido La Conquista del Espacio. Pero tras un año, fui el único que quedó de mi entrenamiento. Amé cada minuto, y ese edificio tiene un valor especial dentro de mí. Lo amaba antes de trabajar, y ahora lo amo aún más. Un año y medio después, tras tres temporadas completas, he decidido dejar el Museo. No porque no quiera seguir, sino que debo continuar con nuevos proyectos y horizontes. Supongo que mi misión en el museo era transmitir la alegría y la emoción que alguna vez sentí cuando yo iba como público. Estoy en deuda (tal vez para siempre) con ese Museo, y espero no olvidar jamás lo que hizo por mí. Me sigue haciendo feliz, y espero haber podido regresar toda esa felicidad. Aprendí muchas cosas en estos 18 meses, conocí a grandes amigos y amigos guía, no puedo etiquetarlos a todos, no cabrían. Algunas cosas que recuerdo ahorita: – El amor al arte es real, y es posible darlo todo sin la seguridad de recibir nada a cambio, más que satisfacción. – El dinero no te hace feliz. La felicidad la encuentras por tu cuenta. – El tiempo y el espacio son relativos. Me encariñé con gente con la que no compartí casi tiempo, y vi como mis amigos venían desde Cúa, desde Guarenas, en contraste con mi facilidad para ir y venir de casa al Museo.

-Nada dura para siempre. Vi como entraban y salían personas que me caían bien, al final también me fui. Y si bien todo tiempo pasado parece ser mejor, el presente se llama así porque es un regalo y la oportunidad que todos buscan. – Aprendí más sobre el trabajo en equipo que en todo mi tiempo en el bachillerato y sus talleres. – Los buenos modales nunca están de más. Cosas que parecen gafas, como no señalar, no gritar, pararse derecho, o solo chicos en lugar de niños, son capaces de cambiar toda una perspectiva. – Y lo más increíble, no importa cuántas veces vaya a la Molécula, o a La Cocinita, ni cuantas veces entré a la Luna o al Planetario. En el fondo, siento que sigo siendo ese niño que disfruto del Museo cuando era feliz y no lo sabía. Tengo pensado en hacer una especie de documental hablando sobre todo lo que el museo representa y porque merece todo el apoyo. No puedo más, pocas veces lloro cuando escribo, pero ahora estoy destrozado por dentro…

Si tú quieres ser uno de ellos, aprender y encontrar amigos muy especiales para toda la vida, escríbenos por [email protected] , [email protected] y te unirás a este maravilloso equipo.

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